El proyecto

El proyecto

Partamos de los datos que nos dicen que en México existen actualmente cerca de 27 millones de jóvenes, al menos la mitad se encuentran en situación de pobreza o de pobreza extrema y no existe una política social definida para su atención. 

Antecedentes

En México existen actualmente cerca de 27 millones de jóvenes con edades que fluctúan entre los 12 y los 24 años, de los cuales al menos la mitad se encuentran en situación de pobreza o de pobreza extrema y no existe una política social definida para su atención. En la Ciudad de México y su Zona Metropolitana viven al menos 12 millones de jóvenes de menos de 29 años, de los cuales cerca del 40 por ciento están en una condición de pobreza real.

La escuela, institución que permitía la movilidad social ascendente, demuestra una limitada capacidad para lograrlo; el mundo del trabajo no ofrece ya un amplio abanico de opciones sino que, presenta fuertes barreras para que un joven sin calificación manual dispute un lugar en el mercado laboral; la cultura y los valores tradicionales, ya no son los suyos, ya no los incorporan tal como lo hicieron las generaciones anteriores. La familia se debilita frente a la imposibilidad de ofrecer a sus miembros jóvenes un espacio de socialización capaz de orientar una de las etapas más difíciles del ser humano: la juventud.

Cada vez es más evidente que la pobreza se extiende y multiplica y que sus efectos incrementan la exclusión, no sólo económica, sino, también laboral, educativa, política y cultural. Entendemos la pobreza como una cuestión que supera la falta de recursos económicos, y que hoy en día está perpetuando y masificando una “cultura de exclusión”, que en la práctica se traduce en la cancelación de oportunidades, en la imposición de una salvaje lucha por la sobre vivencia, que fragmenta el tejido social, desprestigiando y dejando de lado los mecanismos naturales de asociación y organización civil.

Finalmente, el sector juvenil y muy particularmente el sector de jóvenes que en la actualidad se aglutina y/o organiza en torno a distintas preferencias musicales, estéticas o políticas, ha sido blanco de estigmatizaciones voluntarias o involuntarias, que han desencadenado una situación de intolerancia y violencia hacia y desde ellos mismos.

No obstante el panorama anterior, las y los jóvenes mexicanos son un sector vital de la población, que mas allá de su problemática, son capaces de generar propuestas y actuar en diversos campos, uno de ellos es el trabajo cultural, mismo que les sirve de herramienta para enfrentar la marginación, revertir la atomización social y forjar proyectos de vida digna.

Dentro de este escenario, una de las principales conclusiones que obtuvo la investigación que dio origen al Proyecto Circo Volador, fue que, ante la carencia de una política pública efectiva para jóvenes, era necesario crear, desde la sociedad civil, espacios que ofrecieran una alternativa de participación y generación de propuestas de, para y con los jóvenes de la Ciudad de México.

Metodología de Intervención Social

Basada principalmente en un “Modelo de Desarrollo Social” diseñado por Héctor Castillo Berthier, aplicado en otras instancias y presentado en diversos foros, tanto nacionales como extranjeros.

¿Cómo trabajamos en Circo Volador?

Partiendo de un esquema de movilidad social que se presenta en la sociedad contemporánea en donde se puede ver con claridad la separación progresiva de los distintos estratos sociales, es de donde arranca nuestro trabajo iniciando en un “límite social imaginario” hacia abajo en dirección “A” con los grupos de sectores pobres, populares, menos favorecidos o marginales. Una vez que hemos entrado en contacto con estos grupos establecemos vínculos directos, realizamos diversos estudios, comprobamos hipótesis, formamos archivos con los materiales de trabajo que recabamos y diseñamos ciertas propuestas de trabajo (dependiendo del objetivo en particular que se tenga con cada grupo pueden llegar a variar estas propuestas de trabajo). La labor en “A” permite identificar a los grupos; conocer sus valores; detectar sus aspiraciones y necesidades más apremiantes; ganar su confianza e identificar sus habilidades principales que puedan ser incorporadas a las propuestas de trabajo.

Desde el punto de vista conceptual, estas actividades corresponden al trabajo empírico, realizado a través todas las actividades que hemos realizado a lo largo de estos 20 años.

Una vez hecho esto, posteriormente se trata de acceder a un espacio distinto “B” para “sembrar” o plantear estas propuestas. Este sitio generalmente está fuera de la comunidad local y puede ser un programa radiofónico o un concurso de música, y demás espacios. O bien como en este caso un gran espacio físico como lo es el Circo Volador

En el punto “B” se permite revalorar el trabajo creativo de las y los jóvenes además de que abre la puerta para que, a través de incorporar la presencia de los medios de comunicación y la invitación directa a los grupos originarios de sectores medios y altos, se puede favorecer la participación organizada y el encuentro de los otros sectores sociales ubicados en “C”, con el objetivo de que conozcan de cerca esta realidad a veces escondida, en ocasiones podo difundida y muchas veces incomprensible para los estratos acomodados de la sociedad.

En esta etapa se crean fuentes de trabajo, se recrean distintas formas de sobrevivencia; permite acercar la educación y la cultura; propicia el uso positivo de tiempo libre y recreación; permite la difusión de información de muy diversa índole, así como mantener un contacto directo con los grupos sociales y retroalimentar su estudio, a fin de mejorar las propuestas futuras de trabajo

Misión

Apoyar a que los diferentes sectores de la sociedad -que normalmente están excluidos por motivos económicos o políticos, por género, por identidad, por preferencias sexuales o por cualquier otro tipo de condición grupal-, encuentren nuevas formas de inserción en su vida individual y colectiva con el apoyo de los proyectos y a través de la profesionalización sistemática y permanente de las actividades programadas, considerando siempre nuestra responsabilidad con la comunidad, con los participantes, con las autoridades en turno y con el destino de los recursos aplicados en este trabajo.