El pasado viernes 7 de marzo, más de 500 jóvenes de reunieron en la Plaza de Armas de Querétaro, acudiendo a un llamado anónimo que se generó por Internet mediante correos electrónicos y volantes distribuidos en diferentes instituciones educativas en el que se pedía la asistencia masiva de jóvenes con el objeto de impedir que los llamados “Emos” (una de las nacientes tribus urbanas) se reunieran, como lo han hecho ya su costumbre, en esa plaza del centro histórico de la capital queretana.
El asunto no hubiera pasado de ser una mera ocurrencia estudiantil, de no ser porque en el mencionado comunicado anónimo, se pedía específicamente la presencia de otra tribus urbanas, como punks, metaleros, bandas oscuras y skaceros para agredir a los jóvenes “Emos” (Emocionales).
Y a partir de ese momento empezó a surgir un enorme caudal de informaciones mediáticas (tendenciosas, unas; desinformadas, otras) que trataban de explicar el porqué del nacimiento de esta violencia entre las llamadas Tribus Urbanas, recreando y estigmatizando la imagen de estos jóvenes y propiciando una alarma entre la población que sólo tiene acceso a los medios masivos de comunicación.
Para entender un poco más este asunto, quizá fuera bueno recordar que el asunto de los jóvenes y sus identidades no es nada nuevo y tiene una historia palpable de más de 100 años.
Sin embargo cada vez que se habla de ellos, las categorías que se utilizan para definirlos están casi siempre cargadas de prejuicios y descalificaciones viéndolos sólo como “un período de vida de los individuos” (o sea, la juventud), y dejando de lado que siempre están inmersos dentro de un proceso social y cultural más amplio, que se va transformando al ritmo de los cambios del entorno social, político y económico que los rodea.
Pensemos tan solo en los “Tarzanes” y los “Pachucos” de los años cuarenta y su rechazo y descalificación por parte de la sociedad y los medios. O recordemos a los “Rebeldes sin Causa” de los años cincuenta, que causaron pavor y furor entre la población que recibía sus imágenes en películas como: El Salvaje, Semilla de Maldad o Nacidos para Perder.
En los sesenta aparecieron los hippies, con quienes se difundió extensivamente la imagen de que “el divino tesoro de la juventud” estaba fundado en sexo, drogas y rocanrol y la persecución del gobierno fue feroz. En los años setenta aparecieron “Las Flotas” de los barrios populares: los Cubanos, los Nazis, los Árabes, y que dieron paso al surgimiento de los famosos “Chavos Banda” de los años ochenta.
Hasta este momento se puede decir que, en forma general, los jóvenes y sus identidades, tenían un origen geográfico bastante definido, fuera éste la calle, el barrio, la esquina, la colonia, el billar o los sitios de reunión preestablecidos.
Sin embargo, el acelerado desarrollo de las tecnologías de información, sumado a la incipiente apertura de espacios de interacción (foros, radio, tianguis, prensa, festivales, conciertos de música, etc.), permitieron en los noventa el arribo del concepto “Tribus Urbanas”, que empezó a ser avalado por la academia y difundido como un “novedoso” mecanismo de etiquetación social.
LAS TRIBUS URBANAS
El origen de este término se le debe al sociólogo francés, Michel Maffesoli en 1990, quien escribió el libro: “El Tiempo de las Tribus: el ocaso del individualismo en las sociedades posmodernas”, en el que vaticinaba que los jóvenes (sobre todo de los sectores populares) buscarían el acercamiento y la creación de nuevas colectividades entre sí para enfrentar los rasgos más duros del capitalismo salvaje: la competitividad y el individualismo, por un lado, y; la pérdida de los referentes clásicos de integración social: la familia, la escuela, el empleo, la cultura y en general la visión de una “autoridad” que ha perdido su legitimidad.
Dentro de estas Tribus Urbanas hoy podemos distinguir algunas muy visibles en México: los Punks, que desprecian lo establecido, comulgan con el anarquismo, lo subversivo, lo revolucionario, pero se preocupan paralelamente por el ecocidio o el maltrato a los animales. Los Oscuros (mal llamados “darketos”) que se siente seducidos por el vampirismo, el cine gore, visten de color negro, se pintan uñas, labios y párpados, gustan de la música gótica y tienen como principal ideología la tolerancia.
Están también los Metaleros que usan ropa de cuero y el cabello muy largo y que se dicen totalmente apolíticos. Están también los Urbanos, que visten ropa de mezclilla, tenis de lona y/o bota, que no gustan de decorarse el cuerpo, se peinan como “pájaro loco”, llevan a cuestas la cruz de Avándaro y cargan con el estigma de ser ñeros, nacos, jodidos, provenientes del barrio y no de la colonia.
Están también los Raztecas, que son la versión mexicana de los fanáticos del reggae y se caracterizan por los “dredlocks” o rastas y que defienden la naturaleza, las causas justas y están en contra del racismo. De igual forma están los Eskatos, que tiene su origen por ahí de 1994, con miembros muy jóvenes dispuestos a echar relajo, y gustan de las patinetas, el graffiti y rayar los vidrios del transporte público.
Hay otros más como son los Hip Hoperos-Cholos, de los cuales existen registros de raperos en el Estado de México, concretamente en Neza (Municipio de Cd. Nezahualcóyotl). En el 95 ya hay un flujo de chavos, de ida y vuelta a ciudades fronterizas, roqueros que iban a Tijuana por ejemplo, y se volvían cholos. Y así también cholos fronterizos que llegaban al DF y permanecían siendo cholos tratando de pregonar-difundir-convencer a otros de sus ideas y que por su importancia merecerían todo un tratamiento aparte.
Pese a todo, este tipo de referencias identitarias sólo son posibles de observar al interior de los grupos, en su contacto diario y cotidiano, ya que para la población en general, igual que para los medios de comunicación, estos jóvenes no dejan de ser todos juntos "bandas transgresoras”, reales o en potencia, de las "buenas costumbres".
Por eso llama mucho la atención el llamado anónimo a combatir a los Emos, que son los más jóvenes, los más frágiles, los menos violentos, los más tolerantes, los que apenas están en proceso de escribir su propia historia.
La agresión a los Emos, está claro, proviene de grupos estudiantiles, homo fóbicos (que es su principal queja) y que parecen estar dispuestos a impedirles a los Emos conseguir los espacios de convivencia pacífica y el uso de sus plenas libertades como ciudadanos.
Por eso es preocupante, aunque es perfectamente comprensible en un país dividido que cristaliza sus tensiones y sus encrucijadas todos los días y en todos los escenarios posibles.
Quizá los Emos logren que los jóvenes sean incluidos en la agenda pública, en un país de jóvenes como lo es México con el 60% de población menor de 29 años y de donde han estado excluidos.
Los jóvenes no son el futuro sino el presente.
Las tribus que deberíamos perseguir son la de los Pinos, las de los sindicatos y las de los políticos corruptos… esas sí son de peligro, no como los Emos.
¡Vientos huracanados!, si no me vuelvo Emo queretano nos veremos por acá el próximo sábado...
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